En España llevamos demasiado tiempo soportando los privilegios de la iglesia católica, pese a ser España un país laico. Privilegios en la enseñanza, donde con dinero público se financia una escuela religiosa; privilegios en la declaración de la renta, donde se invita a dedicar el capítulo social (¡aún en 2011!) a la iglesia católica; privilegios en la financiación de curas y en su presencia en espacios públicos; privilegios en la financiación de actividades de proselitismo (como el actual viaje); privilegios en la dejación de tareas por parte de la fiscalía en multitud de delitos, sexuales, inmobiliarios, bancarios, mediáticos, homofóbicos, patriarcales, racistas o de otro tipo cometidos por miembros del clero. Privilegios que emanan de un Concordato negociado antes de la Constitución y cuya condición franquista lo hace incompatible con nuestra democracia. Cuando un grupo de locos que otorga a la patria cualidades extrasensoriales desprecia la vida de otros, la ley les saca de las instituciones y cierra, incluso sin pruebas, sus revistas y periódicos. ¿Y por qué puede permitirse el órgano de prensa del arzobispo de Madrid el lujo de pedir que la violación salga del código penal? ¿Por qué esta invitación eclesiástica a los violadores, en un país que sigue asesinando mujeres, no tiene persecución penal?
Ratzinger viene a Madrid que es la ciudad que ha despertado. La ciudad que está contando a la cansada Europa que tiene que reinventarse. Al menos desde Maquiavelo, uno no cree en las casualidades. El conservador Cameron echa las culpas de los disturbios en Londres a la “pérdida de valores”. No a la ruptura de las bases igualitarias de la democracia. Repite, aunque con menos inteligencia, el argumento de Daniel Bell en Las contradicciones culturales del capitalismo (1976), una obra que venía a aportar su granito de arena a la lucha entre la crisis de legitimidad que explicaba la izquierda y la petición de gobernabilidad y reclamación de rearme moral-cristiano de la derecha. Esa batalla va a concitar uno de los principales debates dentro de las democracias europeas. Y una de las principales batallas intelectuales se va a librar en Madrid. Por parte del Vaticano –y del nacional-catolicismo español- se va a intentar levantar la Reconquista religiosa desde la capital del reino. El 15-M, enfrente, va a seguir reclamando una democracia que merezca ese nombre, y que es incompatible con el reino oscuro que significa la concepción oscurantista, autoritaria y reaccionaria del Vaticano. La derecha tiene clara su apuesta. La carga policial en la Puerta del Sol hace pensar que el gobierno sigue dando tumbos. Si la socialdemocracia, desnortada desde que asumió la tercera vía, pierde la bandera del laicismo ¿qué le queda?
Más motivos para seguir reclamando la reinvención de casi todo.
Juan Carlos Monedero
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