

Por las tardes las carpas de Sol son espacios de tránsito. Charlas, pegada de carteles, reparto de folletos… El continuo movimiento obliga a las reuniones a trasladarse a las calles aledañas de la plaza. Sentados en el suelo, los miembros de la comisión de inmigración se reúnen para cerrar el manifiesto que llevarán a la asamblea general. Mientras debaten se van parando curiosos. Unos siguen su camino después de unos minutos, otros se quedan a escuchar y alguno incluso participa. Aunque la comisión es de inmigración se ven pocos extranjeros. Camilo está de pie, apoyado en la pared. Es colombiano. Está atento al cruce de opiniones y levanta la mano mientras espera a que el altavoz llegue hasta él. “No podemos olvidarnos de la campaña electoral. Tenemos que mostrar nuestra oposición a la campaña racista y xenófoba que se está haciendo por parte de los partidos políticos. Algunos se han sumado al tópico de que hay que luchar por los derechos de los nacionales y que los de fuera somos de segunda categoría”. Cuando termina su intervención se mueven las manos de quienes le rodean. En las reuniones no se aplaude para que no deje de escucharse al que habla.
El altavoz no deja de dar vueltas de una esquina a otra. Hay quien pide que se hable con los portavoces para que cuando se refieran a la gente que hay en la acampada “no se diga que somos españoles y españolas porque aquí no hay nacionalidades”. Las propuestas que están acordando van desde lo más esencial, como remarcar que todos los seres humanos son iguales independientemente de dónde procedan, hasta medidas más concretas: el cierre de los Centros de Internamiento de Extranjeros, la condena a la Ley de Extranjería, el fin de la discriminación, la defensa de la libertad de movimiento y el fin de las redadas a inmigrantes. “La gente autóctona se ha acostumbrado a ver las redadas como algo normal”, dice uno de los participantes con acento de algún país africano.
Ibraima piensa igual. A él lo hemos encontrado fuera de la asamblea, en la carpa de la comisión de inmigración, junto a quienes recogen firmas contra la Ley de Extranjería, por el cierre de los CIE y reparten fotocopias con indicaciones sobre qué se puede hacer si se presencia una redada a inmigrantes. Ibraima, de Guinea Bissau, dice que las redadas es precisamente uno de los motivos que le trae a la plaza. “Es duro vivir en España con miedo”. No sabe decir cuántas veces le ha parado la Policía pidiéndole los papeles en el año que lleva aquí. Unas han terminado dejándolo ir y otras ha tenido que pasar la noche en el calabozo. “La última vez lo pasé muy mal. Hacía frío pero salí con unos amigos a comprar a la frutería sin abrigo. El policía entró mientras compraba y me llevaron sin dejarme ir a casa. Pasé mucho frío, no pude dormir en toda la noche. Me dieron una manta muy fina que no abrigaba nada”. Ibraima ha venido cuatro días a la acampada de Sol. Dice que no se queda a dormir porque hay demasiada policía en los alrededores y él y los amigos que le acompañan temen que puedan tener problemas. Va cargado con dos garrafas de plástico. “Es bebida de África. Venimos a repartirla gratis para quien quiera”.
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